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    martes, 31 de julio de 2012

    La Virgen “extranjera” de Urkupiña

    La celebración de la Virgen de Urkupiña es una expresión cultural tan grande e importante que Quillacollo le ha quedado pequeño.

    La Virgen se multiplica, entonces, para llegar a los bolivianos que viven en el extranjero, donde se replica la fiesta de creyentes y no creyentes. Es que esta celebración también ha excedido los límites religiosos e incursionado en áreas más vastas que incluyen a comunidades enteras con sus diversidades respecto a sus creencias.

    En Bérgamo, ciudad italiana “cochabambinizada”, según se sabe, el programa ya comenzó y se alarga hasta casi fin de agosto. Casi todos los actos de la fiesta de Quillacollo están repetidos en iglesias y calles de esa ciudad lombarda y, en diferente medida, en otras donde la colonia boliviana es numerosa -Buenos Aires, Argentina; Virginia, Estados Unidos- y de esta manera acortan la distancia y la nostalgia de su país, Bolivia.

    En un ámbito más individual y religioso, deben ser pocas las familias que carecen de una imagen o efigie de la Virgen aparecida en la colina de Cota. Los que pueden abandonar el país donde residen, no dudan en tomarse unas vacaciones coincidentes con la fiesta de Quillacollo y, algunos, hasta se llevan piedras para seguir la tradición.

    Los bolivianos en el extranjero tienen esa característica que los diferencia de otros colectivos de extranjeros; por ejemplo, no pueden, o no quieren, acostumbrarse a la comida local y hacen todo para que les llegue ingredientes nacionales.

    Igualmente en las expresiones costumbristas, folklóricas y religiosas, los bolivianos son estrictos a la hora de sus celebraciones. En ocasiones, los habitantes de decenas de ciudades en todo el mundo ven con sorpresa y simpatía, calles ocupadas por, para ellos, exóticos bailarines y bailarinas movidos por bandas o música pregrabada tan extraña como el baile y la vestimenta.

    Se acerca la festividad de la Virgen de Urkupiña y en todo Bolivia, miles de peregrinos se aprestan a llegar a Quillacollo para participar en ella, con sus preferencias particulares. Algunos se recogerán en la religión, otros acudirán por la Entrada, y la mayoría cumplirá ese singular rito de llevarse piedras, para devolverlas en efectivo y con intereses.

    Opinión

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