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    domingo, 21 de diciembre de 2014

    En Bolivia se festeja la Navidad con prestes y adoraciones al Niño

     Adoraciones con bailes al ritmo de chuntunqui, k’ajchito y huachi-toritos (tipos de villancicos) y prestes que recorren las calles son algunas costumbres bolivianas que se realizan para recibir al Niño Jesús en la Navidad.

    “En Mojocoya (Chuquisaca) los niños acompañados de charangos bailan y dan vueltas al ritmo del k’ajchito para adorar al Niño, luego les dan chocolate y buñuelos. Los adultos se amanecen bailando el chuntunqui con el mismo propósito”, explica Patricia Rodríguez, oriunda de Mojocoya, a propósito de las costumbres navideñas.
    En Bolivia se festeja la Navidad con prestes y adoraciones al Niño
    En Bolivia existen una variedad de costumbres ancestrales para la Navidad, pese a que algunas van desapareciendo con el tiempo, otras aún se conservan en algunas regiones, según reportan los corresponsales de La Razón.

    En algunos municipios del occidente no solo se celebra el nacimiento de Jesús la noche del 24, sino que se extiende hasta enero. En las ciudades intermedias del norte potosino y en la capital misma, la adoración al Niño es un preste, pues familiares y organizaciones juveniles se encargan de ofrecer bailes, buñuelos con chocolatadas y comida a los lugareños.

    “No solo se bailan villancicos sino que hay pasantes que organizan fiestas con banda, carros alegóricos que son pequeños y forrados con platería,éstos salen en procesión por las calles”, detalla José Rodríguez, quien participa de estas fiesta desde hace siete años en la ciudad de Potosí.

    La misa es una parte importante luego de la procesión. Los adultos hacen una serie de coreografías hasta llegar a un salón en el que hay chocolatada con buñuelos y una comida picante.

    Tradición. Oruro comparte esta costumbre. Según Teodora Llave, de la comunidad de Machapi (oeste de Oruro), hay pasantes que llevan en sus sombreros “pillas” (roscas navideñas) para armar el nacimiento en el local. En las áreas rurales no aparece el árbol navideño ni la figura de Papá Noel, pero sí en la ciudad.

    En Sepulturas (Bullaín), de donde es Lucía Diego, el nacimiento llamado huarac’aso (chicote con una huaraca u honda) es armado al interior de la iglesia Santa Bárbara por los jilakata. Todos bailan para adorar al Niño con tarqueadas y agitando las huaracas.

    El historiador Mauricio Cazorla resalta que existen tres familias en Oruro que mantienen sus pesebres ancestrales con juguetes antiguos, algunos traídos de Europa.

    En el altiplano de La Paz se acostumbraba a elaborar figuras de animales a base de quinua, recuerda Hilario Callisaya, oriundo de Omasuyos y secretario de Alerta Temprana de la Gobernación.

    En el valle cochabambino las tradiciones se concentran sobre todo en Totora, donde festejan por tres días al Niño San Salvador. “El primer día bailan, el segundo confraternizan y se visitan entre familias, y el tercer día es la despedida al Niño”, menciona Wilfredo Camacho, costumbrista.

    En la zona periurbana de Cochabamba se canta villancicos acompañados de ch’ullu ch’ullus (instrumento con platillos) y pajarillas (silbato).

    También se comparten buñuelos con almíbar, caña de azúcar, api y chocolate.  

    En el oriente, la población sale a visitar los pesebres que son armados tradicionalmente en las plazas e iglesias. En Chuquisaca está la fiesta de Villa Serrano, de la provincia Belisario Boeto, que fue declarada por la Cámara de Diputados como Patrimonio Cultural, Oral e Intangible.

    La costumbre data de hace medio siglo. Los niños, adolescentes y adultos manifiestan su adoración al Niño con rondas de baile y zapateos, por tres días. La investigadora María Elena Fortún señala que la costumbre de bailar frente al pesebre también se mantiene en poblaciones tarijeñas.Al respecto, el viceministro de Descolonización, Félix Cárdenas, sostiene que la Navidad no es una costumbre propia del país sino de Europa, y que con el tiempo se fueron mezclando con las tradiciones bolivianas.

     Luego de degustar los buñuelos con chocolate o rosquetas dulces, la tradición en la mayoría de las familias bolivianas es comer la picana, un platillo elaborado con variedad de carnes y acompañado de alimentos propios de la región.

    “En Mojocoya (Chuquisaca) se arma un arco con rosquetes dulces y frutas de la temporada, y luego se come la picana. Antes no se criaba vacas ni patos, ahora sus carnes completan la picana”, dice la chuquisaqueña Patricia Padilla.

    La picana es una especie de sopa que contiene al menos tres carnes: pollo, res y chancho. Va acompañada de papa, pasas, verduras, choclo, vino e ingredientes a gusto de las familias.                         

    En el valle, las familias optan por el choclo, en la urbe paceña por tuntas, comenta Nelly Paucara.

    En Santa Cruz, según el presidente de las Cabañas del Río Piraí, Freddy Contreras, en la Nochebuena se comparte pavo o lechón relleno. En Pando también es costumbre cocinar chancho relleno.

    La Razón

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