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    domingo, 9 de marzo de 2014

    La tragedia de Oruro truncó los planes de una pareja

    En una de las salas de recuperación de hospital Arco Iris, una mujer joven, de aspecto frágil, reposa en una de las camas. Está conectada a un respirador artificial y en la cabecera de su lecho penden innumerables cables que hacen parte de su tratamiento médico.
    La tragedia de Oruro truncó los planes de una pareja

    Es Hilda Mendoza, tiene 31 años y es una de los ocho heridos del accidente en el Carnaval de Oruro que fueron  trasladados de emergencia a la ciudad de   La Paz. Su cuadro era el de mayor gravedad "porque tenía la columna partida y desplazada, lo que afectó su médula. Corría el riesgo de quedar parapléjica”, de acuerdo al informe del neurólogo Mirko Mantilla.

    Hace cuatro días fue sometida a una cirugía que duró más de cuatro horas y en la que participaron neurocirujanos y traumatólogos. Hoy se encuentra en etapa de "evolución” y en estado "déficit” porque los movimientos de sus pies aún son débiles.

    En otra sala del mismo hospital se encuentra su esposo Clíder Gutiérrez. Sus heridas son menores, pero aún no puede movilizarse . Desde su habitación se comunica con Hilda por teléfono y  mensajes de texto. Los médicos hacen de cupidos, llevando y trayendo recados de los esposos.

    La pareja tiene un año y tres meses de matrimonio. Se unieron por lo religioso en La Gruta de la ciudad de Sucre, de donde son  oriundos. En estos días debían estar en Machu Picchu, renovando sus votos de matrimonio para después, en abril, partir a España  donde radicarían en Palma de Mallorca. Ahora nada de eso es posible.

    "No podemos hacer nada, porque la recuperación de mi esposa tardará entre seis meses y un año. Ahora todo para nosotros es incierto”, expresa Clíder.

    Hilda atraviesa por un cuadro de depresión y aunque lucha por recuperarse no encuentra norte a su vida, que estaba llena de planes junto a su esposo.

      "En este momento ya no sé lo que haré, lo único que quiero es recuperar la movilidad de mis piernas y esa vitalidad que tenía, luego pensaré en lo demás”, dice.

    "Muevo los dedos del pie  izquierdo, pero no la pierna. La pierna derecha está bien. Estoy muy agradecida con los médicos de acá, son mis ángeles”, añade con    mirada de  gratitud.

    El sábado 1 de marzo, una  pasarela, ubicada en la avenida 6 de Agosto de Oruro, se desplomó sobre espectadores, bailarines y músicos que participaban de  la Entrada del Carnaval. P roducto del accidente se registraron cinco personas fallecidas  y casi un centenar de heridos.

     Clíder asegura  que cambiaría su lugar por el de su esposa. Sin embargo,  piensa que  se sentiría peor si él  no hubiese estado con ella.  Hilda y su esposo se encontraban en el lugar, esperando que el hermano de ella pasara bailando con los caporales de San Simón.

    La joven, psicóloga de profesión,  aún se estremece y llora al recordar esa  tarde. "Sentí como si la tierra me absorbiera y en un segundo se vi en medio de gente aplastada y ensangrentada que gritaba, pedía auxilio”, cuenta.

    "No podía mover los pies. Pedí ayuda a un muchacho, cuya  novia estaba desmayada. Le agarré de la mano, le rogué que me sacara, mientras otros gritaban que la pasarela se seguía derrumbando, yo no quería morir. Me sacó de un jalón, como a un trapo, y me dejó en la acera. Otras personas  sacaron a mi esposo”, relata con la voz quebrada.

    Entre el dolor físico y el del robo

    Cuando Hilda Mendoza y Clíder Gutiérrez lograron salir del montón de fierros, troncos y palos que los tenían atrapados fueron auxiliados por unas niñas y "un joven de polera blanca”.
    "El joven me levantó y pedía paso para llevarme a un taxi”, recuerda Hilda.

    Ya en el vehículo la llevaron a la clínica General, donde no estaban preparados para tal emergencia.
    "Yo gritaba  y me retorcía de dolor, pero no había calmantes. Una enfermera me preguntó si tenía dinero para comprar calmantes. Encontré 100 bolivianos y ella fue a comprar”, relata.
    En el lugar descubrió que le habían robado todo el dinero que llevaba en la cartera, teléfonos celulares y cámaras fotográficas.

    Hilda aún tiene grabada en  su mente toda la confusión que se desató en ese nosocomio. "Se oían gritos y me dio  tanto miedo de que me pasara algo que pedí que me llevaran a otra clínica. Una enfermera me dijo al oído: pide que te lleven a la clínica Cristo Rey. Comencé a gritar y suplicar que me llevaran a ese lugar. Ahí descubrí que  estaba mi esposo y pedí quedarme”.
     Hilda y su esposo fueron trasladados en un avión  a la ciudad de La Paz.

    Página Siete

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