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    domingo, 20 de octubre de 2013

    Luzmila carpio es un pájaro que vuela otra vez en Bolivia

    La artista potosina regresó a dar conciertos a Bolivia después de 10 años. Actuó en La Paz y en Potosí .

    Cuando Luzmila habla sobre su vida siempre menciona su niñez en el pueblito potosino donde nació, llamado Qala Qala.

    Ahí se distraía mirando las montañas, las cimas nevadas que estas tenían, el sol que desprendía la luz que iluminaba los lugares a los que acompañaba a  su madre a hacer las  labores diarias, y la pequeña Luzmila la escuchaba cantar y cantaba con ella.

    Fue su primera maestra musical junto a las aves que volaban por todos esos lares donde la Pachamama reina y a las que Luzmila prestaba mucha atención, disfrutando sus trinos, los cánticos que reprodujo durante toda su carrera como forma de agradecimiento  a esos seres que son tan libres como ella.

    Armonía con la naturaleza
    “Eso es lo que más se me ha grabado: nuestra naturaleza, nuestras montañas, nuestros nevados, nuestros ríos, nuestras cascadas”, dijo Luzmila durante la entrevista al recordar esos años. “Todavía teníamos o tenemos aquella época. Espero que todavía continúe, tenemos ese momento para escuchar el canto de los pájaros y conocer qué mensajes nos están trayendo”.
    La Luzmila hoy tiene 64 años,  hace 34 que se fue hacia Francia a continuar una carrera musical que tuvo su gran impulso cuando ganó el Festival de la Canción Boliviana. Tenía 20 años y la nombraron Ñusta Boliviana.

    “Cuando me dieron ese título dije: ‘Tengo que lograrlo, cómo voy a defraudarlos, no me puedo quedar así’. Y me he esforzado mucho. Ahora estoy en este punto de mi vida, espero no haberlos decepcionado, he hecho todo el esfuerzo posible”.

    La cantante y compositora hasta sus 11 años solamente hablaba el quechua. Es conocida la anécdota de cuando se presentó a cantar a una radio de Oruro y el locutor la recriminó por no hacerlo en español. Carpio entonces tuvo que aprenderse el Himno Nacional en esa nueva lengua para así tener nuevamente la oportunidad de hacerse escuchar. Ahora Luzmila tiene que tener cuidado de no soltar palabras en francés mientras conversa.

    “Recuerdo lo del Himno Nacional porque tengo como una película filmada de todo eso. Era parte de mi  vida. Tenía que dar pasos, ir subiendo. Creo que he nacido con una buena estrella y si volviera a nacer, haría lo mismo”, comentó Carpio.

    Una década de silencio
    La última vez que Luzmila Carpio dio un concierto en Bolivia fue después de los sucesos del ‘octubre negro’ ocurridos en La Paz el 2003. En estos 10 años el ambiente político en el país sufrió un cambio drástico y la cantante potosina también fue parte de él.

    Durante cuatro años (2006-2010) fue embajadora de Bolivia en Francia. En todo ese tiempo dejó la música, dejó de cantar para ayudar a sus compatriotas y llevar la cultura boliviana a tierras europeas. “Fueron cuatro años muy intensos. No había tiempo para hacer mis vocalizaciones, no tenía tiempo para cantar. Yo en el metro nomás cantaba un poco en mi cabeza. Era una tarea que demandaba mucho”. Pero está conforme con lo realizado. Carpio siente que logró reactivar la relación entre los dos países, pero también recuerda los reclamos de las personas por su labor. “Cada vez me preguntaban qué estaba haciendo por mi país, siendo que yo cada acción que hacía se las enviaba a los medios, pero nunca me lo publicaban. En cambio cuando era artista ponían todo lo que salía sobre mí. Fue muy injusto”.

    Canto a la vida
    Ahora Luzmila está de vuelta, y quiere establecerse nuevamente en sus tierras luego de años transmitiendo su mensaje de paz  por tantos países en los que recibió el cariño de  gente que no conocía el idioma en el que cantaba, pero que comprendía la idea principal de su música. “He conocido familias que son como mi familia. Amigos muy queridos que me han ayudado bastante para que continúe. Ahora digo que ya me hace falta mi gente, nuestro aire, nuestro lago, todo me hace falta. Ya me he aislado. Yo misma soy la que me he aislado”, indicó la artista.

    El primer paso fueron los conciertos dados en La Paz y en su  natal Potosí, hace dos semanas. La gente vibró con las canciones del último disco grabado por Luzmila en Francia, Canto de la tierra y de las estrellas en 2004 y que nunca llegó a Bolivia.
    La mayoría de los asistentes al Teatro Municipal paceño escuchó esas composiciones por primera vez, con unos arreglos realizados por músicos de una talla enorme que se asociaron a ella para ayudarla a universalizar su música.

    Bolivia y Luzmila
    Era un sueño que tenía Luzmila el de traer a los cinco músicos franceses: Pierrick Hardy, en la dirección musical y arreglista; Michel Deneuve, intérprete del órgano de cristal; Henri Tournier, en flautas, octobass y bansuri; Yves Torchinsky, en el bajo; y Pierre Rigopoulos en la percusión. “No podíamos encontrar las fechas porque tenían conciertos en otros lados, pero apenas hemos podido coordinar he dicho ‘Mi país tiene que ver lo que estoy haciendo. Gracias a Bolivia soy lo que soy y tengo que llevarlos aunque me critiquen’”.

    No la criticaron, pero algunos extrañaron sus canciones antiguas, con instrumentos como el charango y la quena, aunque conforme avanzó el show lo olvidaron.
    Oratorio andino amazónico, así nombró al concierto en los que interpretó todos los temas de ese disco. Luzmila conversó todo el tiempo con el público, los niños presentes también hablaban con ella, porque ellos también son parte de sus letras, de su vida. Al escucharla cantar uno no puede sino imaginársela nuevamente como una niña en su comunidad, esperando el canto de los pájaros. “Cuidemos la Tierra, hermanos”, dijo una y otra vez.

    Y Luzmila Carpio le cantó a las nubes y a las montañas, a los ríos y los animales, y desplegó las alas y fue una gaviota, erizando la piel de emoción a todos. Un momento inolvidable en el que recuperó su lugar en la música boliviana, en el que Bolivia la recuperó

    EN POTOSÍ TODOS FUERON lUZMILA, Y ELLA, LA HISTORIA VIVA
    Roberto Dotti - Periodista
    Volvió después de 10 años. El Cerro Rico la vio desde lo alto pasear por la plaza 10 de Noviembre el día anterior a su concierto. Llovía y granizaba y una marcha cívica se mezclaba con el temporal y los reclamos con dinamita.

    Al día siguiente Luzmila y sus músicos franceses ingresaron a la Gobernación para presentarse oficialmente y no hubo preguntas, pero sí el registro de su cálida llegada y la interpretación de dos canciones a capella.

    Luzmila tiene un ángel. La luz potosina se cuela por el techo del patio interno de la Gobernación y la abriga mientras sonríe ante los rostros que  la admiran y quienes le pedirán más tarde que les firme autógrafos en su afiche de promoción. Por la tarde la prueba de sonido en el teatro más grande de Bolivia (1.100 butacas).

    La música se impregna en los telones fijos, en la escenografía floral y en las maderas crujientes del renovado Cuarto Centenario.

    Al despertar la noche medio millar de personas la solicita fuera del teatro, quieren adelantar el reloj. Luzmila sale y les da la bienvenida, sabe que el desafío de mostrar su nueva música no es menor. Y los espera paciente.

    Después del rito circular con los músicos, detrás del escenario y en medio de impacientes aplusos, Luzmila ingresa al escenario despacio, casi imperceptible, con pies de alas. El público reacciona cuando se posesiona frente al micrófono. La noche se hace magia y Luzmila alza vuelo con su voz de ave.

    “Gracias a ustedes porque me hicieron artista”, dice y una ovación le devuelve el amor que sienten por ella. “Luzmila, vales un Potosí”, gritaron al inicio.

    Y la humildad se hace canción. Enhebra una tras otra las músicas de otros tiempos. En quechua y en español, en sonidos del monte, de las montañas, de los ríos y de los pájaros.

    Cuando todos se fueron, y con el teatro vacío, Luzmila cruzó por última vez el escenario a oscuras y se despidió con un canto de gaviota, ese que estremeciera a todos horas antes.

    Esa noche niños, abuelos y jóvenes, todos fueron Luzmila, y ella, Potosí y su historia.

    Protagonista  

    Luzmila Carpio Sangüeza
    Cantante y compositora
    Una vida en dos continentes
    Nació en 1950 en Qala Qala, una comunidad al norte de Potosí. Desde pequeña cantaba las canciones que aprendía de su tierra, de sus ancestros. Vive en Francia desde 1979. Ha grabado más de 25 discos y ha cantado junto a intérpretes como Lila Downs, Mercedes Sosa y Cesária Evora, en escenarios como el Opera Comique de París, el Queen Elizabeth Hall de Londres y el Auditori de Barcelona.
    También ha participado en películas y cortometrajes infantiles y en pro del medioambiente, uno de ellos es el corto animado La abuela grillo, del 2009.

    El Deber

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